sábado, 30 de junio de 2018

EL ESTILO DE PLATÓN

EL ESTILO DE PLATÓN


Platón no escribe tratados filosóficos, sino que sus obras imitan el estilo del teatro: son diálogos en los que un grupo de personajes discuten sobre asuntos filosóficos. Se reproduce, de este modo, el modo de filosofar de Sócrates.
El personaje principal de los mismos es siempre Sócrates, quien discute con discípulos suyos, sofistas, políticos, etc. El título del diálogo suele ser el nombre del principal interlocutor. Si Sócrates es un personaje literario de Platón, nos topamos con el problema de discernir las doctrinas que fueron defendidas por el Sócrates histórico de las que son originales del propio Platón y que éste pone en boca de Sócrates como personaje.

Los diálogos de Platón se dividen en cuatro grupos:
a)Los “Diálogos Socráticos”. Es el grupo de diálogos en los que Platón no expone aún su propia filosofía, sino que nos muestra a Sócrates dialogando con unos y otros. El objetivo es mostrarnos el talante moral e intelectual de Sócrates. No en balde, tres de los diálogos presentan los acontecimientos de la muerte de Sócrates: Eutifrón, en el que Sócrates se dirige a conocer la acusación; la Apología (el juicio de Sócrates) y Critón (días antes de la ejecución de la condena).

b)Diálogos de transición. Platón comienza a elaborar sus propias doctrinas. El tema principal suele ser la crítica a los sofistas en obras como Gorgias (sobre la retórica y la justicia), Menón (posibilidad de enseñar la virtud, inmortalidad del alma y reminiscencia como conocimiento), Crátilo (sobre el problema de la significación de las palabras), Hipias I (sobre la belleza), Hipias II (sobre la mentira y la verdad), Eutidemo (contra las falacias de los sofistas).

c)Diálogos de madurez. Se trata de sus diálogos más importantes en los que aparece la formulación de la teoría de las Ideas y una teoría completa del estado. En estos diálogos se encuentran los principales mitos platónicos como la famosa “alegoría de la caverna”. Se trata de obras como Banquete (Teoría platónica del amor y las ideas) Fedón (inmortalidad del alma) y la República (Del estado o de la justicia)

d)Periodo de vejez. Los diálogos de esta época, son fundamentalmente críticos, su estilo se hace más seco y difícil, los problemas lógicos ocupan cada vez más espacio. Desaparecen los mitos. Parménides (Autocrítica de la teoría de las ideas) Político (Teoría del gobernante-filósofo, revisa su teoría política), Timeo (sobre el origen del mundo).

LA REPÚBLICA (POLITEIA)

Como todas las obras anteriores, está escrita en forma de diálogo, que era el método de Sócrates. Pero como en las demás obras de madurez, ahora Sócrates es sólo un portavoz de la filosofía de Platón. Sus largos parlamentos sólo son interrumpidos por los demás personajes para asentir, para preguntar algo o pedir que se precise algo.

El diálogo comienza con una reunión de amigos en casa de Céfalo, en la que Sócrates discute con algunos sofistas si vale la pena ser justo. Glaucón y Adimanto intentan demostrar que es mucho más ventajoso ser injusto (mito de Giges). Sócrates responde que esto sólo sucede en un Estado injusto, que educa a los jóvenes en el egoísmo. En un Estado justo, siempre sería más provechoso ser justo. A partir de ese momento, comienza la discusión sobre la justicia en la polis.

«Giges, estaba un día con su rebaño en las montañas cuando se desató una fuerte tormenta. Repentinamente, de un seísmo se abrió un trozo de tierra y se hizo una honda grieta. (…)Giges sacó el anillo y salió de allí. Pasados unos días, asistió, llevando el anillo, al encuentro mensual de los pastores para preparar la notificación al rey del estado de sus rebaños. Sentado entre los otros, hizo girar por azar el anillo encarando su grabado con la palma de la mano.
Acto seguido, sus compañeros se pusieron a hablar de él como un ausente: se había hecho invisible. El pastor, maravillado, se daba cuenta de que cuando el grabado del anillo miraba hacia el interior de la mano, se hacia invisible, cuando miraba hacia el exterior, volvía a ser visible. Comprobada la eficacia de su anillo, maniobró para ser uno de los mensajeros enviados a palacio para informar al rey. Una vez en palacio, utilizando el poder del anillo, accedió a las habitaciones de la reina y la sedujo; con la ayuda de ella preparó una trampa al rey, lo asesinó usurpándole la corona.»

El tema de la obra es, por tanto, la Justicia, pero alrededor de éste aparecen casi todos los temas estudiados por Platón y también sus más famosas analogías:
· La justicia en la polis                              . Analogía del sol                          
· El gobernante filósofo                            .La línea dividida
· La naturaleza del alma.                          .El mito de la caverna
·La teoría de las Ideas.

LA JUSTICIA EN LA POLIS

Sócrates-Platón distingue la justicia referida a la sociedad de la justicia referida al individuo. Propone comenzar por la primera. Y para poder saber en qué consiste, propone investigar por qué surgió la ciudad, por qué las personas no viven aisladas sino que se agrupan para vivir en ciudades como Atenas.
La ciudad surgió ante la insuficiencia del individuo y la necesidad de colaborar con las otras personas para atender a sus necesidades, de manera que ésta aparece como un cuerpo orgánicamente estructurado en el que cada individuo trabaja al servicio del conjunto. Para su correcto funcionamiento se hace precisa la especialización en las tareas según la vocación y preparación de los ciudadanos. De ahí resultarán tres clases sociales:

a.El de los productores: artesanos, agricultores, comerciantes, que se encargan de satisfacer las necesidades materiales de la ciudad. Se correspondería con el alma concupiscible, y cuya virtud sería la moderación
b.Los guardianes o guerreros. Tienen como función la defensa de la ciudad. Predomina la fuerza irascible del alma. La virtud de esta clase debe ser la fortaleza, el valor.
c.Los gobernantes -filósofos. Su función será legislar y velar por el cumplimento de las leyes. Organizar la educación y administrar justicia. Se corresponde con el alma racional. Sus virtudes propias son la prudencia y la sabiduría.
La justicia social consiste, por tanto, en "que cada uno debe atender en las cosas de la ciudad, a aquello para lo que su naturaleza esté mejor dotada”, 433a.

Por culpa de los sofistas, en la polis no gobiernan quienes saben qué es la justicia sino que gobiernan los demagogos, los que saben dominar a la bestia (el pueblo) con sus bellos discursos. De ahí la crítica de Platón a la democracia ateniense, pues en ella, no gobiernan los que saben, sino los que aparentan saber. Así como a la hora de levantar un puente hay que escuchar sólo al arquitecto, a la hora de gobernar la polis hay que escuchar sólo al que sabe qué es la justicia, es decir, al que es capaz de contemplar la Idea de justicia: el filósofo. Por eso, sostendrá Platón que no habrá una ciudad bien gobernada, una ciudad justa, hasta que los filósofos gobiernen, o hasta que los gobernantes se vuelvan filósofos.

EL GOBERNANTE-FILÓSOFO

La educación es el medio por el que se puede modelar la naturaleza humana. Tan extraordinario es el papel desempeñado por la educación en el estado ideal platónico que algunos autores han considerado que la educación constituye el tema principal de la República. Si la virtud es conocimiento, puede enseñarse, y el sistema educativo para enseñarla forma parte indispensable de un estado justo. La ciudad perfecta debe tener una educación perfecta.
· La clase de los productores no requiere una educación especial, porque las artes y los oficios se aprenden fácilmente a través de la práctica.
· Para la clase de los guardianes, Platón propuso una educación elemental, basada en gimnasia y música, con objeto de robustecer el alma irascible de la que procede el valor y la fortaleza. De entre los guardianes se realizaría una selección de los mejores y se les ofrecería una formación superior.
· La educación para los gobernantes, coincidía con el aprendizaje requerido para dominar la filosofía. Los más aptos de entre los guardianes estudiarían dialéctica: el método para ascender en el conocimiento de las Ideas.
El gobernante ideal será pues filósofo: aquel cuyo pensamiento se fija en los objetos eternos e inmutables, las ideas, y que se esforzará desde el principio en imitar en sí mismo y la sociedad la misma armonía del mundo de las ideas. Fijando su mirada en las ideas de belleza, justicia, templanza, etc., arreglará la forma de gobierno.

LA NATURALEZA DEL ALMA

Como ya hemos dicho, Platón considera que la justicia tiene dos sentidos complementarios (como dos caras de la misma moneda), la justicia en la polis y la justicia en el individuo. Si en la polis la justicia consistía en la armonía de las tres clases sociales, a nivel individual, la justicia consiste en la armonía de las distintas partes del alma.
Platón hereda del pitagorismo un dualismo antropológico según el cual el ser humano es un compuesto de dos realidades: el alma (psiché) y el cuerpo (sóma). También por herencia pitagórica, hay una consideración peyorativa del cuerpo, de la parte material y mortal del hombre: el cuerpo es, para Platón, la “prisión del alma” (idea que heredará después el cristianismo). La creencia de la inmortalidad del alma, estaba ya en la religión órfica de la escuela pitagórica, y, según Platón, en su propio maestro, Sócrates. Esto explicaría la serenidad de Sócrates a la hora de su muerte, porque estaba persuadido de que la cicuta sólo mataba su cuerpo, no su alma.

El alma es inmaterial e inmortal, anima el cuerpo hasta el momento de la muerte. El alma es la sede de la actividad intelectual.
El cuerpo es material, corruptible y, tras la separación del alma (muerte) se descompone. El cuerpo es la sede de las actividades puramente “animales” (la alimentación, el sexo, etc.).
Platón distingue tres “partes” del alma. Esta distinción se explica en el Fedro a través del “mito del carro alado”, donde se explica que el alma es semejante a un carro tirado por dos caballos alados y conducido por un auriga (cochero).

ALMA CONCUPISCIBLE
  • Es la sede de los impulsos y deseos, de las pasiones y el desenfreno.
  • En el mito es representada por el caballo negro, que es desobediente porque tiende a obedecer sólo a la voz de sus deseos e inclinaciones.
  • La virtud propia de este alma es la templanza (sophrosyne), el dominio de sí, especialmente en lo que concierne a los impulsos de nuestro cuerpo.
ALMA IRASCIBLE
  • Es la sede de los impulsos nobles del ser humano, como el valor, la valentía, etc.
  • En el mito es representada por el caballo blanco, el caballo fuerte y que obedece siempre al auriga.
  • La virtud propia de este alma es la fortaleza (andreia), que nos impulsa a cumplir con nuestro deber, sacrificando los placeres cuando es necesario.
ALMA RACIONAL
  • Es la facultad del conocimiento, la razón, lo que distingue a los seres humanos de los animales.
  • En el mito es representado por el auriga, pues es la parte del alma que debe conducir a las otras dos.
  • La virtud propia de este alma es la prudencia (phrónesis), que nos orienta, nos permite alcanzar la sabiduría y conocer qué es el bien.

Platón entiende el cuerpo poco más que como un receptáculo del alma; y como nuestro cuerpo es irracional y tiene necesidades (apetito, deseo sexual, frío y calor, etc.), nos llama a satisfacerlas. El alma concupiscible es la que escucha sus voces y nos impulsa a buscar la satisfacción: a obedecer a nuestra parte animal e irracional. La relación entre el alma y el cuerpo es parecida a la de un piloto con una nave; el alma (racional) debe conducir la nave. El hombre sólo será justo si su alma está en orden, en armonía, bajo la dirección de su alma racional.
Con esta distinción, Platón perfecciona el intelectualismo moral de Sócrates. Resuelve sus paradojas, porque el alma es una entidad compleja: su parte racional puede saber qué es el bien y, sin embargo, su parte concupiscible puede llevarla a desear lo malo. Para hacer el bien, por tanto, no basta saber qué es el bien. Es necesario que el alma gobierne sobre el cuerpo y, a su vez, que el alma racional gobierne sobre las otras dos. En este sentido, el esquema socrático era demasiado simple: el mal es ignorancia. El mal, para Platón, es el resultado de un conflicto interior. El alma racional identifica qué es el bien; el alma irascible nos impulsa a perseguirlo. Pero el alma concupiscible nos empuja a satisfacer nuestros deseos, sean buenos o malos. Si no logramos que el alma racional gobierne sobre las demás, no haremos el bien, sino lo que nos apetece.


LA TEORÍA DE LAS IDEAS

La teoría de las Ideas es sin duda la aportación más original de Platón, pero hay que entenderla en continuidad con el definicionismo de Sócrates. Pues el empeño es el mismo: superar el relativismo de los sofistas, el cual es en parte responsable de la crisis política de Atenas. Por tanto, su objetivo no es meramente teórico, sino práctico: es fundamentar el punto de vista ético y político de Platón. La teoría de las Ideas permitirá determinar qué es el bien, qué la justicia y, por ello, ofrecerá un ideal regulativo a la política.

El sofista Protágoras había afirmado que “el hombre es la medida de todas las cosas”, es decir, nada es bello o bueno en sí mismo, sino para el hombre.
Como hemos dicho, Platón comparte el definicionismo socrático: conocer es conocer el universal. La verdad es descubrir el “qué es” de cada cosa, su definición universal, es decir, su esencia o Idea (eidos). La palabra “Idea” es una de las muchas traducciones posibles del griego Eidos, pero no significa en este contexto “pensamiento”. Eidos significa forma, arquetipo, modelo, especie, etc. En castellano solemos utilizar esta expresión para distinguir, por ejemplo, la Idea de caballo, en general, de este o aquel caballo en particular. Es decir: designamos el caballo en sí y no a Bucéfalo o a Rocinante. La esencia compartida por todos los caballos concretos.
Para Sócrates es posible encontrar un concepto universal de lo bello o lo bueno. Así como son triángulos todas aquellas cosas que comparten la misma definición, es posible encontrar a través del diálogo, una definición de lo “bueno” a partir de la esencia común que comparten todas las cosas buenas.
Platón va un paso más allá que Sócrates para afirmar, no sólo que es posible una definición universal sino que existe lo bueno y lo bello en sí mismo, más allá de nuestra mente, con independencia del hombre, con independencia de que lo conozcamos o no.
Sin embargo, a nuestro alrededor no observamos la belleza en sí ni la justicia en sí, sino a lo sumo cosas bellas o justas. A nuestro alrededor sólo percibimos ejemplos particulares de la belleza o la justicia. Pero el conocimiento verdadero (episteme) es conocimiento de lo universal no de lo particular. Saber qué es la justicia no consiste en poder enumerar todos los actos o todos los individuos justos (particulares), sino en captar la esencia, la Idea de la justicia (universal).
Por tanto, a las Ideas no se puede acceder a través de los sentidos, de la experiencia sensible (empiría) sino de la inteligencia o pensamiento (nous). Veamos un ejemplo: supongamos que observamos una vela. ¿Qué es lo que hace que sea una vela? No las propiedades que podemos ver: su color, su tamaño, su forma, su olor o su textura. No es a través de los sentidos que descubriremos la esencia de la vela. Su aspecto externo es variable. Sin embargo, las cualidades que le hacen ser una vela no son variables pues podemos distinguir una vela de cualquier otro objeto.


EL MUNDO DE LAS IDEAS

Si el universal, la esencia, el eidos, tiene existencia fuera de nuestra mente, si existe la belleza en sí, el bien en sí, la justicia en sí, entonces tiene que afirmar la existencia de otro mundo, además del que podemos percibir por los sentidos: El mundo de las Ideas.
La doctrina de Platón nos conduce a una duplicación de la realidad (dualismo ontológico- Mundo de las Ideas/Mundo) sensible) que está necesariamente acompañada de una duplicación de las facultades del conocimiento (dualismo gnoseológico-sentidos/razón) y es continuidad del dualismo antropológico (alma/cuerpo) que ya hemos estudiado. Hay que notar que, de la misma manera que había un sentido peyorativo del cuerpo frente al alma, y de los sentidos frente a la razón, se dará también una valoración negativa del mundo sensible: es sólo sombra, una copia imperfecta del verdadero mundo, el mundo de las Ideas.

MUNDO DE LAS IDEAS

  •  Las Ideas son eternas (por ejemplo, la Idea de triángulo).
  • Las Ideas son Inmutables (si cambiase, el triángulo pasaría a ser otra cosa, pero no un triángulo).
  • Las Ideas son universales (la Idea de triángulo incluye a todos los triángulos).
  • Se captan a través de la inteligencia (nous).
  • Sus objetos tienen las características del Ser de Parménides.
  • Las Ideas constituyen la auténtica realidad.
MUNDO SENSIBLE

  • Las cosas son finitas, están sujetas a generación y destrucción.
  • Las cosas son cambiantes (todo fluye).
  • Las cosas son particulares.
  • Se captan a través de los sentidos, de la experiencia (empiría).
  • Sus objetos tienen las características de la physis de Heráclito.
  • Los objetos del mundo sensible no son más que copias de las Ideas.

¿Qué relación hay entre las Ideas y el mundo sensible?
Platón señala a veces que es una relación de “participación”, y otras que de “imitación”.
  1. Las cosas del mundo sensible participan de una esencia común, todos los caballos comparten la Idea de caballo;
  2. o bien, las cosas del mundo sensible imitan el modelo ideal con mayor o con menor perfección, de modo que este caballo concreto se asemeja más o menos a la idea de caballo.
Sin duda, esto plantea un serio problema a Platón.
  • Si las cosas participan de las Ideas, entonces no hay necesidad de que las Ideas estén separadas de las cosas. Si tomamos todos los caballos, nos daremos cuenta de que todos comparten una esencia común (eidos), porque esa esencia está en todos los caballos, no en otro mundo. 

  • Si las cosas sensibles imitan al modelo ideal que está en el mundo de las Ideas, ¿cómo lo hacen? En la obra Timeo, Platón introduce un elemento intermedio entre el mundo sensible y el mundo de las Ideas: el demiurgo (artesano). Se trata de una figura que, tomando como modelo las Ideas, tomó la materia prima originaria del cosmos y le dio forma al cosmos, como un escultor le daría forma al barro mirando hacia su modelo. Pero Platón no deja muy claro el estatuto de este demiurgo: ¿es Dios?, ¿es sólo una metáfora de otra cosa?
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO

Como vimos, el alma es inmortal y tiene las características de los objetos del mundo de las Ideas. El alma, en efecto, pertenece al mundo de las Ideas. Se ha unido al cuerpo de forma circunstancial, en el que permanece prisionera. Pues bien, si el alma procede del mundo de las Ideas, desea naturalmente regresar a él, contemplar de nuevo esos seres eternos. ¿Cómo podrá hacerlo?
- A través de una vida virtuosa. El alma sólo podrá acceder de nuevo al mundo de las Ideas si se aparta del cuerpo. Debe someterse a un proceso de depuración (catarsis), apartándose en lo posible de las inclinaciones sensibles, que son irracionales, para que sea la razón la que gobierne la vida.
- A través de la búsqueda del conocimiento. Platón expone en La República un método: la dialéctica, a través del cual ascender hasta el conocimiento de las Ideas. Así, los filósofos, aplicando la dialéctica pueden alcanzar la contemplación de las Ideas. La filosofía, el amor a la sabiduría, es según Sócrates, “una preparación para la muerte”. Sabiendo el filósofo que tras la muerte le espera la más hermosa de las visiones, la visión del mundo de las Ideas, no puede sino pensar que su alma va a ser liberada por fin del cuerpo, y por eso tendrá una actitud gozosa ante la muerte.
- A través de la muerte. La muerte no es un acontecimiento negativo en el fondo, sino una liberación: con la muerte, el alma se libera del cuerpo y regresa al reino al que pertenece.
Para terminar si el alma pertenece al mundo de las Ideas y procede de él, entonces el alma ya conocía las Ideas. En efecto, el alma ya había contemplado las Ideas, pero al unirse al cuerpo olvidó el conocimiento de su vida anterior. Las Ideas están en el alma, pero ella no es consciente. El conocimiento consiste en recordar lo que ya se sabía (anámnesis).

LA LINEA DIVIDIDA

Platón distingue distintos tipos de conocimiento y lo expresa a través de la analogía de la línea dividida. Propone que se tome una línea y se divida en dos partes desiguales, que, a su vez, se han de dividir en otras dos, siguiendo la misma proporción, teniendo así representados gráficamente los cuatro grados de realidad con las que se corresponderán las cuatro formas de conocimiento.
Las dos inferiores constituyen la opinión (doxa), las superiores constituyen la episteme, el conocimiento en el verdadero sentido de la palabra. El orden marca la subordinación jerárquica de cada nivel con el inmediatamente superior. La mayor o menor extensión de los segmentos resultantes se corresponde con la mayor o menor realidad (ser) de los objetos representados y con la mayor o menor claridad (conocimiento) que de ellos se adquiere.
     I.En el nivel inferior se sitúan las sombras o imágenes, cuyo conocimiento correspondiente es la imaginación (eikasia). Es la percepción sensible y se limita a aquellos aspectos de las cosas que afectan a nuestros órganos sensoriales.
     II.En el nivel superior del mundo sensible se sitúan los objetos materiales de los que las imágenes son reflejo, el conocimiento relativo a ellos es la creencia (pistis), que se corresponde al conocimiento de las llamadas ciencias empíricas obtenido por inducción, que es opinión, no conocimiento porque es de objetos sensibles cambiantes y carece de fundamento.
    III.El nivel inferior del mundo inteligible lo ocupan las Ideas matemáticas y las ciencias a ellas correspondientes, pensamiento o conocimiento discursivo (dianoia), que es verdadero conocimiento porque se ocupa de objetos inteligibles, permanentes, que no cambian, pero que es un grado inferior de conocimiento porque adolece de dos defectos:
a) se vales de imágenes sensibles, aunque, ciertamente, no estudia esas imágenes, sino la Idea en ellas representada;
b) parte de hipótesis (las ideas correspondientes), que no fundamenta, sino que tomándolas -equivocadamente- como verdades ya asentadas, obtiene conclusiones que se siguen lógicamente de ellas. Es decir que a partir de unas premisas dadas se intenta llegar a una conclusión.
    IV.El nivel superior de este mundo lo ocupan las Ideas superiores y sobre ellas la Idea de Bien, su conocimiento propio es la inteligencia o conocimiento intuitivo (noesis), que procede de un modo inverso al anterior, parte de hipótesis, las Ideas, pero tomándolas como hipótesis, es decir, como supuestos provisionales, para ascender de unas a otras (dialéctica), sin apoyarse en nada sensible, por vía intuitiva, hasta la Idea de Bien, principio no hipotético, fundamento de todo ser y de toda verdad. Este conocimiento capacita al individuo para ir más allá de las premisas de las ciencias particulares hasta buscar los primeros principios.


EL BIEN ES EL OBJETO SUPREMO DE ESTUDIO

La mayoría identifican el bien con el placer (hedoné), sin embargo, el bien supremo no puede ser el placer, pues es sabido que hay placeres malos (vicios). Para otros, el bien es la inteligencia, es decir, la actividad racional en general. No es que ésta no sea buena (desde luego es superior a la búsqueda de los placeres sensibles), pero no basta por sí sola como fin de la vida humana: no basta con el pensamiento y la inteligencia, es preciso orientar éstos hacia la contemplación de las Ideas. Todos perseguimos el bien. Mientras que en lo que concierne a la justicia y la belleza, muchos se conforman con las apariencias, nadie se conformaría con la apariencia de lo bueno. Sin embargo, no es fácil saber qué es el bien. El bien, según Platón, es inefable. No puede definir con exactitud qué es el bien. Pero a cambio ofrecerá una imagen de él.
La llamada “Analogía del Sol”. Introduce la comparación entre el Sol (cúspide del mundo sensible) y el Bien (cúspide del mundo inteligible) distinguiendo las Ideas, que son unas y no vistas, sino concebidas, y los seres sensibles, que son múltiples y percibidos por la vista, lo que le da ocasión para señalar que entre la visión y su objeto media la luz, el sol, sin el cual aquélla sería imposible; de ahí concluye que del mismo modo que el sol no es la visión, aunque sea también objeto de ella, sino algo distinto y superior a ella, pues es su causa y razón de ser, el Bien no es el conocimiento, aunque igualmente sea también objeto del conocimiento, sino algo muy superior a él, pues es "la causa de la ciencia y de la verdad", es decir, el Bien es la perspectiva desde la que podemos verdaderamente entender el ser de las Ideas y la que nos da la seguridad de su verdad. A continuación, en referencia a la posición ontológica del Bien y del sol, añade: del mismo modo que el sol es causa de la generación, crecimiento y alimentación de lo material sensible, aunque él no es generación, el Bien es la causa de ser y de la esencia del mundo inteligible, aunque él no es esencia; el Bien es la causa del ser porque cada Idea es o existe por razón del Bien, y es la causa de la esencia porque cada Idea es como es porque en relación con todas las demás Ideas constituyen el mejor de los mundos posibles. El ser y el entender se dan, pues, la mano.


LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA

El fragmento del libro VII de la República que debemos comentar para el examen de selectividad se corresponde con la famosa alegoría de la caverna, uno de los pasajes más conocidos de Platón. Se trata de un relato dirigido “a todos los públicos” donde nos muestra la explicación de las partes más importantes de su pensamiento filosófico pero a través de una explicación metafórica.

La escenografía del mito de la caverna es bastante conocida: los prisioneros en la caverna sólo perciben sombras, simulacros de las cosas que unos portadores llevan detrás de ellos por un sendero iluminado por el fuego (conjetura). Un prisionero liberado se deslumbra al salir, pero cuando su vista comienza a adaptarse contempla las cosas naturales . Continúa mirando las cosas hasta llegar al Sol, que representa la contemplación de las Ideas, y siente piedad de sus compañeros, presos de la opinión y la ignorancia, los cuales representan la humanidad no educada, ciega a las Ideas. 


















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