domingo, 2 de junio de 2013

sábado, 1 de junio de 2013

El filósofo Mario Bunge en la Universidad de Murcia: Muchos filósofos han obstaculizado el avance del conocimiento






Que veinte años no es nada ya nos lo aseguraba el tango. Pero, a la vista de los problemas que, en opinión del filósofo Mario Bunge acucian a la sociedad, pareciera como si el tiempo se hubiese detenido desde que, hace exactamente dos décadas –en mayo de 1988, con motivo de una visita a Murcia- tuviésemos ocasión de departir con él de diversas cuestiones.
La pasada semana, estuvo nuevamente en Murcia, en esta ocasión invitado por José Luis Pardos, presidente de la Asociación Los ‘Alamos', en cuyo seno desgranó algunas perlas de su saber en varias conferencias.
Mario Bunge es una rara avis en un panorama del pensamiento en el que lo adocenado, el no salirse de los cauces establecidos –con jugosísimas y valiosas excepciones, hay que decir- constituye una moneda común. Una voz crítica capaz de ir contracorriente y escasamente proclive al corporativismo –‘casi todos los filósofos han contribuido a empeorar la sociedad'-, al que la edad no ha restado un ápice de capacidad crítica pero sí le ha dado mayor tendencia a la ironía –‘Tengo dos rémoras: no sólo soy sordo, también soy argentino'-, y un excepticismo militante sobre las nuevas tecnologías, esas que supuestamente van a contribuir a mejorar la sociedad: ‘la información, sin el conocimiento no es nada'. No es para menos: Wikipedia dice de él que se crió en Montevideo –donde nunca estuvo más de una semana seguida- y que jamás acabó una carrera. Ante tales informaciones, tan alejadas de la realidad, sólo cabe la mordacidad: ‘como todo el mundo sabe, yo nací en Katmandú, me eduqué en una madraza y practico el chamanismo'.
Defensor de una filosofía practicada desde un concepto más científico –‘es imposible que los filósofos filosofen de conceptos profundos sin saber de física'-; Fustigador de Heggel y de Heidegger –‘uno de los más grandes charlatanes de la historia'-; del Papa Benedicto XVI –del que dice que ‘alienta una nueva cruzada' y de Bush; de las religiones –‘las morales religiosas son todas inmorales' y de la ideología neoliberal, que tantas cosas negativas ha producido a su juicio en el mundo.
Ve con pesar cómo la desigualdad social y económica que existe en el mundo, lejos de reducirse, se acentúa cada año, y que muchos de los problemas de la Humanidad –belicismo, contaminación, sobreexplotación de recursos…, de los que nos habló hace ya dos décadas- parecen perpetuarse.
No obstante, a su parecer, aún hay lugar para la esperanza, pues en algo sí se ha mejorado: ‘existe conciencia del desastre, y se está de acuerdo en que algo hay que hacer al respecto'. Un motivo, pues, para el optimismo en un panorama que no deja de ser enormemente proceloso.
 Entrevista en Cieza (Murcia)
-Pregunta: ¿En qué medida pueden los filósofos ayudar a mejorar la sociedad?
-Respuesta: La mayor parte han contribuido a empeorarla. Muchos de ellos han obstaculizado el avance del conocimiento. En particular Kant, Heggel y sus sucesores. Sobre todo a partir de Heggel le han dado un mal nombre a la filosofía, y han utilizado una jerga abstrusa e ininteligible, y en algunos casos, como Heidegger, sin sentido.
Pero algunos de ellos han servido a la Humanidad en algunas cosas. Por ejemplo, Platón subrayó la importancia del diálogo y la importancia de la racionalidad y de la matemática, al tiempo que denunció el elitismo. Pero también defendió a la clase terrateniente y atacó a la democracia. Es una figura ambigua.
Aristóteles fue el primer gran lógico, y la lógica es una herramienta de análisis. Pero sus seguidores, los aristotélicos, pretendieron poner obstáculos al desarrollo del conocimiento. No se dieron cuenta de que se podía ir más allá de Aristóteles, no sabían que no se sabía la mayor parte.
-P: ¿Y qué me dice de la relación de filósofos más modernos con la ciencia?
-R: Se dio el caso de filósofos que, como Descartes, mostraron una cara para poder ocultar la otra. Mientras estuvo en Francia mostró su cara conformista e idealista, pero cuando se fue a Holanda, y luego a Suecia, escribió dos libros que no se atrevió a publicar en vida: ‘El tratado del mundo' y ‘El tratado del hombre', temía que la Inquisición le arrestara. Es por eso que, como buen católico que era, se refugió primero en un país calvinista y luego en un país luterano. Esas dos obras de Descartes fueron seminales para la generación que le siguió en Francia, la Ilustración , y fueron difundidas por todo el mundo.
-P: ¿Los filósofos de la Ilustración fueron más proclives a la ciencia?
-R: Los filósofos de la ilustración escribieron no sólo para otros filósofos, que es lo que ocurre hoy día, sino que lo hicieron también para el gran público culto de la época. Fueron filósofos progresistas que ayudaron a la ciencia, a la matemática, al racionalismo, al materialismo… Pero vino la reacción contra Napoleón y al mismo tiempo contra la Ilustración , la reacción de Heggel, de Fichter, Schelling…, y con ello la reacción contra la ciencia.
-P: Usted ha citado muchas veces a Heggel como paradigma del filósofo que vive de espaldas a la ciencia.
-R: Heggel se opuso absolutamente a todos los descubrimientos científicos de su época: no solo a la mecánica newtoniana, que era la cúspide de la ciencia de la época moderna inicial, sino que también se opuso a la nueva química, a la nueva biología, a todos los avances.
Era un hombre muy leído. Era tan ignorante que sabía exactamente lo que debía atacar. Desgraciadamente tuvo mucha influencia en Alemania. Ninguna fuera de allí, pero Alemania en aquella época había empezado a ponerse en la punta de las ciencias naturales y de la matemática.
Kant y sus sucesores tuvieron mucha influencia sobre las ciencias sociales y la psicología. Decían que éstas no podrían jamás convertirse en ciencias, pues eran ramas de las Humanidades, y esta influencia perduró durante dos siglos, prácticamente hasta nuestros días. Influyó incluso sobre Max Webber, que fue uno de los fundadores de la psicología, pero afortunadamente, Webber no fue consecuente, porque hizo investigaciones que, contrariamente a Kant, fueron científicas y objetivistas, no subjetivistas como había hecho Kant.
-P: Se desprende de todo lo que dice que filósofos y científicos están condenados a entenderse.
-R: El filósofo que pretenda hacer filosofía útil tendrá que aprender algo de física, no se puede hablar sobre el espacio y el tiempo, como lo hacía Heidegger, sin saber algo de física; uno no puede filosofar sobre la mente sin estudiar algo de psicología y de neurociencia; no se puede perorar sobre la vida sin saber algo de biología…
-P: ¿Ocurre también al contrario, es decir, que un buen científico tenga también algo de filósofo?
-R: Exactamente. Un físico nuclear o atómico adopta algo de filosofía. Los biólogos moleculares suponen que el ADN participa de reacciones biológicas y químicas que tienen lugar incluso en organismos. El primero en suponer algo parecido fue un oscuro monje moldavo: Mendel. Al principio se dudó de sus investigaciones, ya que provenían de un oscuro monje de campaña, pero después fueron confirmadas y profundizadas.
El neurocientífico cognitivo que estudia el cerebro vivo, la manera en que piensan, imaginan y sienten las personas, está suponiendo que los fenómenos mentales son procesos cerebrales. Esa es una vieja hipótesis filosófica, tiene 25 siglos. Una hipótesis materialista de la identidad o unidad psiconeural, que dice que todo lo psíquico es neuronal. Cajal fue uno de los primeros físicos que lo dijo abiertamente. Hoy día la rama más fecunda de la psicología, la que está produciendo más resultados, es la neurociencia cognitiva.

-P: En la entrevista publicada en la revista Campus hace veinte años usted realizaba un recorrido por los grandes males de la Humanidad que resulta, a mi parecer, enormemente preciso y válido para hoy. Usted citaba como los grandes males el belicismo, la contaminación ambiental, la explotación de recursos y una superpoblación que nos aboca a un excesivo consumo de los recursos naturales. ¿En qué estado se encuentra ahora todo esto a su parecer? ¿Sigue pensando lo mismo?
-R: Sigo pensando lo mismo, aunque creo que se ha avanzado, si no en el control, sí en la conciencia de que son desastres y que algo hay que hacer al respecto. En aquella época el movimiento ambientalista o ecologista apenas nacía. Hoy día, ningún político que se precie niega que algo está pasando con el clima. Hay partidos verdes en todo el mundo.
En cuanto a la natalidad, afortunadamente ha disminuido mucho en casi todo el mundo. Incluso en países como Irán. En estos momentos el clero iraní apoya el control de la fertilidad. Estamos esperando a que el Papa de Roma se pronuncie de forma parecida. También ha aumentado la longevidad en casi todos los países…
Sin embargo, ha aumentado también enormemente la desigualdad, tanto entre individuos como entre naciones. El producto interior bruto se duplica cada generación, pero la forma en que se distribuye es cada vez más inequitativa. En Estados Unidos y Canadá, hace una generación, el índice Gini, que indica la desigualdad económica dentro de un país, era 0'36, hoy es 0'41, y sigue subiendo. Las empresas siguen concentrándose y las pequeñas no cesan de caer. Los sindicatos prácticamente no existen allí, pero donde tienen más importancia, la economía florece.
Suecia, Finlandia, Holanda y Japón son los países con menor desigualdad. Estos países muestran muy bien que es posible mejorar la calidad de vida en el sistema capitalista siempre que se regule y que no se practique el capitalismo que predican los neoliberales.
Ocurre una cosa muy curiosa: el Banco Central de Estados Unidos esta ahora adoptando como remedio a la actual crisis el mismo veneno que produjo la enfermedad: el gasto desenfrenado, el endeudamiento, que fue lo que produjo la crisis del 29. La gente compró a crédito y a la primera dificultad no pudo pagar las cuotas, con lo que perdieron las casas, los automóviles, el campo… ¿Qué es lo que resuelve ahora el Banco Central para enfrentarse a la crisis?: bajar las tasas de interés para que la gente pueda adquirir nuevos préstamos para pagar las deudas. De este modo van acumulando tarjetas de crédito y acumulando deudas.
-P: ¿Continúa la enseñanza de la ciencia en los países hispánicos tan atrasada como estaba en el momento en que usted se quejaba cuando estuvo hace veinte años en Murcia?
-R: Yo sé muy poco ahora de los países hispanoamericanos, tenga en cuenta que hace media vida que no resido en mi país de origen, pero se está haciendo muy poco por mejorar la enseñanza de las asignaturas más básicas: la matemática, la física, la química y la biología.
Hay un aspecto positivo: que las mujeres están ingresando en masa en las carreras científicas. Sin embargo, los varones están egresando en masa.
Hay que decir, no obstante, que existen indicios favorables. Por ejemplo, en el caso de España, el gobierno ha duplicado el presupuesto de las inversiones en investigación básica en los últimos cuatro años.
-P: ¿Hacia qué tipo de educación deberíamos tender?
-R: Hacia un tipo muy diferente del que se imparte ahora: menos memorización, más discusión, más trabajos experimentales… En las escuelas secundarias, los laboratorios prácticamente no existen. Hay que aumentar el número de laboratorios y de talleres. En los países iberoamericanos tenemos una pésima tradición de desprecio por el trabajo manual. Hay que enseñar a manejar las manos desde la escuela primaria.
-P: El exceso de información que se respira en todos lados merced a las nuevas tecnologías ¿nos hace más cultos o produce un mayor analfabetismo cultural?
-R: Si sólo hay información, no hay nada. La información es un medio no un fin. El fin de la comprensión es el conocimiento, y para ello hace falta asimilar, entender esa información, filtrarla. Como usted bien dice, hay exceso de información, lo contrario de lo que existía en mi tiempo: entonces había carencia, pero ahora hay demasiada. La única manera de gestionar ese gran flujo de información es construir filtros críticos, volverse escéptico, evaluar, seleccionar toda la información que se recibe.
A veces se genera desinformación. El otro día miré lo que decía Wikipedia de mí. Me enteré de que estuve viviendo en Caracas, donde no he vivido en mi vida, y de que nunca terminé mis estudios universitarios. La facilidad con que concurre hoy día la información es ambigua.
Por otro lado, los estudiantes apenas concurren hoy a las bibliotecas, no se mueven de los ordenadores. Toda esta tecnología posee grandes ventajas para el investigador, pero para quien no piensa nada más que en divertirse es nociva.

Pensamientos de un filósofo:
La mayor parte de los filósofos han contribuido a empeorar la sociedad
Muchos filósofos han obstaculizado el avance del conocimiento
No se puede hablar sobre el espacio y el tiempo sin saber algo de física
Estamos esperando a que el Papa se pronuncie sobre la natalidad como lo ha hecho el clero iraní.
Si sólo hay información, no hay nada.

La información es un medio no un fin, el fin de la comprensión es el conocimiento.
Las morales religiosas son todas inmorales.
La enseñanza debería incluir menos memorización y más discusión.
No hay enfrentamiento de religiones, hay enfrentamiento entre países que tienen petróleo y los que lo ansían.
Los inmigrantes tienen derechos, pero también deberes.
Heidegger fue un pillo que escribió para idiotas.
Cuando Bush habla de la Biblia está hablando realmente de economía.



-P: Usted se sitúa políticamente en la izquierda ¿piensa que todavía queda lugar en esta sociedad para las ideologías?
-R: Todas las sociedades se rigen por ideologías. Desgraciadamente la ideología dominante es el neoliberalismo. En América Latina las políticas neoliberales han tenido un resultado tan negativo sobre la economía y sobre la sociedad que ha habido una reacción. Hay búsqueda de nuevas ideas, lo que ocurre es que los intelectuales que tendrían que intervenir en esto, siguen con ideas anticuadas. En la derecha tenemos a los liberales, que en realidad son reaccionarios. En la izquierda tenemos marxistas que no se han enterado de que el marxismo ha envejecido irremediablemente, y que las sociedades han cambiado.
Yo soy partidario de ampliar la democracia. Actualmente, de los 200 países que hay en el mundo, sólo en 30 hay democracia política, y aun en algunos casos es bastante dudosa. Por ejemplo, en Estados Unidos, lo que mueve a los partidos políticos es el dinero, no las ideas.
Hay que intentar que cada vez haya más gente que tenga acceso a la democracia, a la educación y a la cultura. Es preciso restringir la discriminación de la mujer y a las minorías étnicas, e introducir algo de democracia económica, pues los recursos están en manos de una minoría.
-P: Usted habla de otros terrorismos menos llamativos y a los que se da menos importancia, pero mucho más cruciales para los seres humanos…
-R: El terrorismo del que se ocupa la prensa es el terrorismo que podríamos llamar al por menor, el terrorismo que llega a matar a 20, 30 o 200 personas, pero dejan de lado el terrorismo que viene de arriba, el que afecta a los gobiernos y que mata a millones de personas en todo el mundo.
-P: ¿Es la religión una forma de controlar a la Humanidad ?
-R: Las morales religiosas son todas inmorales. Propugnan el aniquilamiento del infiel. La Biblia dice que matemos al infiel.
Ahora se pretende hablar de un enfrentamiento entre religiones, Benedicto XVI parece alentar a una nueva cruzada, pero no hay tal enfrentamiento. Hay enfrentamiento entre los países que tienen petróleo y los que ansían ese petróleo. No existe conflicto religioso, sino un conflicto económico.
Los norteamericanos son tremendamente religiosos, pero cuando George Bush habla de la Biblia está hablando realmente de economía.
-P: ¿Qué papel habría que adoptar en países como España, receptor de una oleada de inmigrantes cada vez mayor?
-R: Soy partidario de la integración de los inmigrantes, que no se queden en guettos . No están sólo para trabajar, también hay que integrarlos, y que ellos lo acepten. Hay que dejar claro a los inmigrantes que tienen derechos, pero que también deberes: el deber de esforzarse por comprender la cultura del país que le acoge e integrarse en él.
No obstante, hay que llegar a un equilibrio: no se les puede acoger sólo para aprovecharse de su mano de obra, es preciso ofrecerles derechos y garantías, como a cualquier otro.



Los pseudofilósofos según Bunge
En el siglo pasado hubo filósofos, o pseudofilósofos, que exaltaron el irracionalismo, la intuición sobre la razón y la experiencia, como Bergon y Edmund Husserl. Su principal discípulo, Martin Heidegger fue uno de los más grandes charlatanes de la historia. Logró hacer pasar por filosofía lo que no era más que verborragia sin sentido.
Puedo dar algunos ejemplos clarificadores: definió el ser como ‘ello mismo;, creyó definir el tiempo como ‘la maduración de la temporalidad'. Dijo que el mundo ‘mundea' y la nada ‘nadea'. Y esas declaraciones, típicas de un esquizofrénico, fueron tomadas como profundísimas tesis metafísicas. Fue un pillo que escribió para idiotas. Pero si usted es un pillo que escribe en alemán desde una cátedra de una universidad alemana, entonces le toman como el pensador más profundo del siglo. En cambio si lo escribe desde un diario de Cieza, le toman como el idiota del pueblo.
Sin embargo, a pesar de ser un charlatán hoy día existen muy pocos profesores de filosofía que se atrevan a criticar a Heidegger: es una vaca sagrada.

Mario Bunge, la Universidad de Murcia y la revista Campus
 El profesor Mario Bunge estuvo en la región entre los días 2 al 5 de abril, invitado por la fundación Los Álamos de Cieza, que preside el exembajador José Luis Pardos. Fueron días de intensa actividad para este pensador, que impartió tres conferencias –una de ellas en el salón de Grados de la facultad de Derecho- y que tuvo ocasión de contemplar la realidad de centros educativos, conocer a artistas y reencontrarse con amigos.

Mario Bunge, firma en el 'Libro de Honor' de la Universidad de Murcia
En el rectorado de la Universidad de Murcia fue recibido el viernes 4 de abril por el Rector, José Antonio Cobacho, que alabó su trayectoria y su significación en el mundo de la filosofía.
Uno de los protagonistas de la recepción fue precisamente la revista Campus, que publicó hace exactamente 20 años –fue en mayo de 1988- una extensa entrevista con Bunge. El rector le hizo entrega de un ejemplar original de aquel momento y comentó algunos de las afirmaciones que realizaba el filósofo hace veinte años y que, a su juicio, seguían absolutamente vigentes.


Mario Bunge con el rector de la Universidad, José A. Cobacho

Mario Bunge con la
Edición de 'Campus', Mayo 1988

Mario Bunge y la revista Campus
De 1988 a 2008: Veinte años no es nada
La anterior entrevista realizada a Mario Bunge, firmada por Alfonso García y Pascual Vera, fue publicada por la revista Campus en mayo de 1988. En ella, Mario Bunge abogaba por una enseñanza ‘menos libresca y más práctica'. Aludía a sus desencuentros con Popper, de quien rebatió sus tesis dualistas mente-cerebro; a su posicionamiento político a la izquierda –‘aunque creo que en este momento, en nuestro planeta, lo más importante no es la lucha de clases, sino la lucha por la supervivencia del humanidad'-. También se refería a los enemigos de la sociedad, que ‘no es ni el capitalismo ni el comunismo: es el belicismo, los fanáticos que quieren llevarnos a la guerra nuclear, que de producirse aniquilaría todo rastro de vida en el planeta'.
Bunge habló también de los grandes enemigos del planeta, que eran, en su opinión, los ‘contaminadores del ambiente', ‘la explotación desaforada de recursos minerales' y ‘la superpoblación': ‘ya somos demasiados –afirmaba-, y esta enorme población que hay es excesiva para los recursos de que se dispone'.
‘Estos son los grandes problemas que afronta la humanidad, mucho más importantes, más trágicos que la lucha de clases en estos momentos, sin que por ello niegue la existencia de esta lucha', concluía.
Bunge se refería también en aquella entrevista a la realidad de los países latinoamericanos: ‘se trata de una situación trágica que no tiene salida'. El pensador añadía que, a su parecer ‘la culpa la tienen los propios países, los propios pueblos, por tolerar la persistencia de esos regímenes'.
Bunge abogaba por la ‘reducción de las fuerzas armadas, lo que aliviaría enormemente los presupuestos, disminuiría el derroche de los recursos naturales y de los recursos humanos y se podría avanzar en todos los demás'. Sin embargo, aclaraba, ‘mientras persista la obsesión por la defensa nacional en casi todos los países, y en los del Tercer mundo en particular, esos países van a seguir desintegrándose'.
Mario Bunge concluía aquella entrevista abogando por una ‘educación más objetiva', ‘hay que decirles la verdad a los jóvenes. Y para eso, hay que comenzar conociendo la verdad'.

La epistemología de las ciencias sociales para Mario Bunge

Mario Bunge | Pseudociencias Naturales

  La  epistemología de las ciencias sociales para Mario Bunge 1/2

La epistemología de la sociología para Mario Bunge 2/2

Filosofía para Médicos. Mario Bunge en IntraMed.

Filosofía para Médicos. Mario Bunge en IntraMed.

Mario Bunge: La medicina no puede ser una mercancía

A los 93 años, el filósofo sigue siendo tan polémico como siempre e igualmente productivo: hace poco presentó su libro “Filosofía para médicos”.

 Leonardo Iglesias Contín (Especial)0

 “Dele nomás. Vamos a ver cómo funciona mi memoria”. 

A Mario Bunge le preocupa la precisión del recuerdo y le sobra calidez, a pesar de la distancia. Y entonces dirá “hagámoslo por e-mail ”. Y en ese decir conservará entre sus manos la atención del detalle y la claridad en el pensamiento, tan presentes en sus investigaciones.

La respetuosa dedicación a un extenso cuestionario –luego serían dos– pondrá a jugar su memoria de apenas 93 años, ese baúl que conserva sus más preciados recuerdos, como preciadas son las distinciones que recibió a lo largo de su vida: el premio Príncipe de Asturias de Humanidades en 1982 y 19 títulos honorarios otorgados por universidades de todo el mundo.

Bunge se consagró como uno de los científicos e intelectuales más prestigiosos que ha dado Argentina gracias, en parte, a los ocho tomos del Tratado de Filosofía Básica , escritos entre 1984 y 1989. Pero nuestro país le dio la espalda en 1963, lo que lo impulsó a buscar otros horizontes, otros campos para desarrollar su fecunda devoción por la investigación. Luego de enseñar en México, Estados Unidos y Alemania, se instaló definitivamente en Montreal, Canadá. Allí dicta la cátedra Frothingam de Lógica y Metafísica de la Universidad McGill.

Mario Bunge no habla en esta entrevista de sus premios ni de sus años como profesor universitario. A través de este intercambio de preguntas y respuestas recorrerá el tronco argumental de su libro Filosofía para médicos , que a fines del año pasado publicara Editorial Gedisa. La obra no es otra cosa que una oportuna observación de diversos interrogantes que involucran a la industria farmacéutica, el regreso de viejas enfermedades, las medicinas alternativas, el atraso de la psiquiatría y otros temas no menos controvertidos.

Y entonces sí, aunque más de una vez se olvide el nombre de un autor (“como suele ocurrirnos a los viejos”, dice), hablará del pasado, de su infancia en Buenos Aires, sus padres, el amor por la literatura, sus incursiones como periodista, la Universidad Obrera Argentina montada a fines de la década del ‘30 y las polémicas suscitadas en Córdoba con las pseudociencias. Lo hace como si fuera un sparring de lujo; lapidario e imperturbable.

–A partir de su mirada crítica en “Filosofía para médicos” hacia el mercado, como productor y regulador de medicamentos, corresponde preguntarnos quién es el culpable de que el médico no pueda recetarle nada para el cólera a un paciente, porque el dinero que iba a invertirse en producir una vacuna o medicamento contra esa enfermedad va a ser destinado a producir más viagra.
–Hay dos culpables: el llamado libre mercado o capitalismo, y el Estado.
Los empresarios privados cumplen su rol, que es obtener utilidades, al no lanzar al mercado mercancías que los pobres no podrían adquirir. Pero los llamados estados de bienestar (como los escandinavos) procuran remediar las peores fallas del llamado libre mercado, por ejemplo, al suplir medicamentos gratis o casi gratis. Brasil, Sudáfrica y en alguna medida también Argentina hacen algo parecido con algunas drogas. Pero no pueden financiar la investigación aplicada que requiere una nueva molécula, porque semejante trabajo suele exigir una decena de años y dos mil millones de dólares.
Ojalá en el futuro se formen cooperativas de producción suficientemente ricas para poder emprender semejantes empresas. Desgraciadamente, tanto la derecha como los comunistas han boicoteado a las cooperativas.
–¿Qué rol debería cumplir el Estado para seducir a sus científicos e investigadores y destinar recursos que permitan fabricar ese tipo de medicamentos?

–Los científicos básicos no tienen nada que ver con eso: se limitan a estudiar la realidad. Los tecnólogos, en particular los farmacólogos que diseñan drogas, son empleados de empresas farmacéuticas, y diseñan lo que les piden sus patrones.

–¿Qué opinión le merece esta necesidad instalada por los medios y por el aparato de propaganda que promueve, a cualquier precio, la juventud eterna?

–La juventud eterna es imposible, pero el alargamiento de la vida es un hecho que viene ocurriendo desde hace un siglo y medio. En efecto, la esperanza de vida al nacer ha pasado de unos 15 a 80 años en los países desarrollados. Esto se ha conseguido no tanto por vía de drogas como de sanidad pública y a través de la difusión de estilos de vida más razonables, como bañarse diariamente y abstenerse de fumar, comer comida chatarra o beber alcohol y bebidas azucaradas.

–Usted dice que las enfermedades son procesos naturales, pero su reconocimiento como problemas médicos depende no sólo de los conocimientos sino también de los juicios de valor. ¿Cuáles son, en ese sentido, las enfermedades más preocupantes de las sociedades actuales?

–Las enfermedades más comunes ya no son las infecciosas, como la tuberculosis y la sífilis, sino las crónicas, como las del sistema cardiovascular, la diabetes y el cáncer.

–Foucault y otros pensadores han acusado a la medicina de “promover enfermedades” y, si bien es cierto que olvidaron agregarle el contexto social a esa afirmación, desde hace muchos años se sospecha que en los laboratorios se “fabrican enfermedades”. ¿Qué opina usted al respecto?

–Michel Foucault fue un charlatán peligroso porque adoptó las ideas del reaccionario Nietzsche y la fraseología absurda del nazi Heidegger. Su afirmación de que las enfermedades son producidas por los laboratorios farmacéuticos y los médicos muestra su ignorancia total de la biología. Muchas de las enfermedades que nos aquejan son zoonosis, o sea, nos las contagian animales domésticos o salvajes. Por ejemplo, el sida apareció en monos antropoides antes de llegar a los humanos. La domesticación de animales tuvo su precio, como lo tuvo la agricultura.

–¿Se es menos paciente si se pregunta, y en ese cuestionamiento se pone en tela de juicio la palabra del médico como una verdad absoluta?

–Ya no se suele creer que el médico lo sabe todo. La propia actitud de los médicos ha cambiado: ya no son paternalistas y están dispuestos a explicar lo que pasa. Pero suelen estar tan sobrecargados de trabajo, que tienen poco tiempo para instruir a sus pacientes. Incluso en el famoso hospital de la Universidad Johns Hopkins, que organizara el gran clínico canadiense William Osler, al psiquiatra se le exige que despache a
–¿Qué sucede cuando la medicina científica está fuera del alcance de buena parte de la población y deja de ser un bien público? –Donde la medicina es una mercancía y no un bien público, la gran mayoría de la gente se enferma más de lo necesario, lo que aumenta el ausentismo en los lugares de trabajo y de estudio, que a su vez aumenta la carga pública y disminuye el provecho privado.

–¿Para qué debiera ser utilizada la “Filosofía para médicos”?

 –Espero que este libro muestre una vez más que la atención médica es mucho más difícil de lo que suele pensarse, porque supone una enorme pila de conocimientos que se renuevan diariamente a fuerza de investigar. El médico responsable estudia diariamente en lugar de confiarse en lo que aprendió en la facultad. Eso sugiere que los médicos, al igual que los profesores universitarios, gocen del año sabático: que cada cinco años puedan alejarse de su consultorio para estudiar y trabajar en un hospital universitario, donde tengan contacto frecuente con investigadores y profesionales de otros lados.

–¿Qué cosas le hubiera gustado hacer y no pudo?

–Logré lo que me propuse, que fue hacer filosofía inspirada y controlada por la ciencia. Pero si tuviera otra vida, me dedicaría a la Psicología o a las ciencias sociales, y pasaría más tiempo jugando con mis nietos y bisnietos.

Perfil Mario Bunge nació en Buenos Aires, en 1919. Se doctoró en Física y Matemática en la Universidad de La Plata. Sus libros han sido traducidos a casi una decena de idiomas.

Es fundador de la Sociedad para la Filosofía Exacta. Es miembro de la Sociedad Real de Canadá y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Ha sido becario Guggenheim y Killiam.

 Es profesor emérito de la Universidad McGill, Canadá, en las áreas de Metafísica, Semántica, Filosofía de la Ciencia y Epistemología.

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